viernes, 12 de noviembre de 2010

Venus

Regreso desde tierras lejanas, más allá de los límites de mi querida Castilla. El viaje es monótono observando el display del velocímetro para no superar los límites, esos que nunca se deben rebasar, y que esa misma noche se iban a ver alterados. En una larga recta, gracias a la ausencia de tráfico me pongo a observar el horizonte y allí entre cientos de estrellas que tímidamente brillan en el mar del infinito, destaca una con un brillo especial, como si tuviera envidia de la luna que presidía el cielo esta noche de noviembre. De inmediato, siento un escalofrío, se trata de Venus- ¿Se habrá cruzado con la constelación de la T-Áurea (Tauro)?
Al igual que los destinos de los aguerridos Aries son regidos por Marte, el signo del Toro, cuyo nacimiento se produce en mayo, mes de la luz, del estallido de la vida tras el crudo invierno, de la plenitud sensorial es poseído irremediablemente por Venus, diosa de la sensualidad y de la exhuberancia. Sus encantos, tanto físicos como psíquicos, hacen que este se sienta atraído hacia ella con toda la fuerza que caracteriza a este signo del zodiaco.

Con temor ante tan importante encuentro, salgo a la calle con unos nervios que atenazan mi estomago, pero con el convencimiento de que por fin voy a conocer a mi estrella. Y allí estaba ella puntual a la cita. Vestida de forma recatada, no muestra sus múltiples encantos. Sólo su larga cabellera, con mechones rubios como el oro, (signo de fecundidad según recientes estudios), y unos ojos claros que atraviesan a cualquiera que baje la guardia. Impresionado, le dejo hacer...Me lleva a pasear por lugares de mi niñez, por los que años atrás corría libremente con mi bicicleta antes de que el hormigón contaminase estos espacios libres. Casi 30 años después me encuentro en el mismo punto (¿eterno retorno, relatividad del espacio-tiempo?). Su paso al igual que su conversación es ágil, mostrando desde el principio que se trata de una mente lúcida.

De repente, sin saber casi como, me encuentro dentro de su palacio de cristal. Ella muestra una serenidad envidiable, poco a poco me va mostrando retazos de su interior y voy descubriendo que proviene de unas realidades distintas a las mías, lo que hace que la escuche atentamente tratando de comprender su complejo mundo. Algunas cosas que me cuenta remueven algunos de mis pilares más profundos, lo que hace que surjan ciertos temores atávicos, no obstante sus ojos siguen irradiando una calma y luz que atraen profundamente. Después, de repente, al igual que un temporal que se desata tras el rugido de un trueno, nos encontramos frente a frente, todo lo que antes me mantenía turbado desaparece y mi cerebro queda en una especie de shock ante semejante situación. Por primera vez, puedo contemplarla desnuda, su cuerpo de una blancura y suavidad única, presenta una armonía clásica propia de un lienzo renacentista. Con una gran sutileza comienza a desplegar toda su sensualidad, arrastrándome hacia paisajes que dudaba que existiesen en la realidad. Como si fuera capaz de leer mis pensamientos, ejecuta una danza perfecta, en la que el trato de seguir el ritmo, al principio con dificultad, luego ya más acompasado. Pero cuando ya mi cuerpo, al igual que los ojos de un dormido al ver la luz del sol, se iba a acostumbrando a aquel despliegue amatorio, ella con una naturalidad absoluta propone un cambio en la situación, lo que me arrastra irremediablemente a un clímax, capaz de hacer perder el sentido al hombre más fuerte..

¿Qué es lo que ha pasado? Todo ha sucedido tan rápido y a la vez tan lento, ¿han pasado horas o tan sólo han sido unos minutos? De repente, casi sin darme cuenta, me encuentro de nuevo en la calle, mirando al cielo. Compruebo que Venus ya no brilla, está a punto de amanecer. Es hora de volver a mi mundo, ahora sé que efectivamente Venus es mi estrella.

Nexo2- Epico11 to Arkarian

martes, 2 de noviembre de 2010

Noche de difuntos

Por fin se va toda la muchedumbre una vez cumplido el ritual de visitar las lápidas de sus muertos y adornarlas con flores.
Quería tener un poco de intimidad, no me apetecía compartir tu presencia con todos estas personas. Comienza a anochecer, el otoño despliega todo su potencial y el frío recorre este laberinto de mármol.


Permíteme que encienda esta vela, para así poder burlar la oscuridad que me absorbe. La pequeña llama lucha por mantenerse encendida, bailoteando al son malévolo del viento. Confío en que no se apague al igual que no se apago nuestro amor pese a este capricho del destino. La tenue luz me permite ver tu nombre aquí grabado y las cifras que lo acompañan 1982-2006. Brevedad, brevísimo lapso de tiempo en el que tu presencia ilumino esta dimensión en la que todavía me encuentro, como breve fue el tiempo en que pude tenerte entre mis brazos, acariciando tu delicado cuerpo. ¿Por qué tuviste que irte? ¿Acaso no te traté como merecías?
Sabes que siempre golpea mi mente esa idea. No obstante ahora, desde la distancia, prefiero pensar que fueron los elementos los que me separaron de ti. Cientos de noches miré a la luna tratando de encontrar tu cara alli reflejada, pero la imagen siempre se repetía, pálida luz que me helaba el alma.

¿Tienes frío? Recuerdo como te acurrucabas en mi regazo tratando de encontrar calor en aquellas noches de septiembre, en donde el verano huía ya por retaguardia. Tus pies y manos parecían tener la misma temperatura que tiene la lapida sobre la que estoy sentado. Se acerca ya la hora, es cerca de media noche, el momento en el que los dos mundos se tocan por unos instantes...Si, por fin veo tu cara de nuevo...mi corazón palpita desbocado al sentirte cerca. Tu tímida sonrisa hace que me tranquilice y que el calor inunde de nuevo mi cuerpo. Tu precioso pelo rizado es agitado por el viento, haciendo que se esparza por el aire ese aroma que tantas veces me hubiera gustado volver a respirar. Tan callada como siempre, tus carnosos y rosados labios se mantienen unidos... ¿No vas a decirme nada? Tus ojos me fulminan una vez más. De repente, al igual que hiciste aquella dichosa noche en Madrid te abalanzas por sorpresa y me abrazas, en un abrazo mezcla de ingenuidad infantil y ardiente pasión. El contacto con tu piel me ha hecho perder la poca cordura que ya me quedaba...
¿Sabes cual es el precio a pagar?-me susurras con una voz de ultratumba, que me eriza el vello.
Sin apenas tiempo, trato de tranquilizarme ante el final que me aguarda contestando con otra pregunta:
¿No sabes acaso que el amor no muere? Movido por la ciega pasión, me acerco hacia tus labios, sellando un beso eterno...1981-2010.

Nexo2-Epico11