Nos dicen por los Media que Osama ha muerto. El presidente del Imperio (Obama, no confundir con el otro), sonriente, afirma que se ha hecho justicia y que aquel infeliz que considere que no era una operación necesaria, debería hacérselo mirar.
Sin entrar en disquisiciones de si es cierto o no la información de su muerte (que eso sería para tratar en un tema aparte) y centrándonos en la versión oficial, estamos ante un nuevo atropello del poder. En pleno siglo XXI todavía no hemos superado el complejo de Far West, del sheriff justiciero que a golpe de Colt (ahora fusil M16, que el progreso ha de notarse), limpia de malos la ciudad, el país y el Universo si fuera menester, ante los aplausos de los conciudadanos.
Los hechos, según la versión oficial ocurrieron tal que así: La C.I.A a través de sus avezados agentes secretos y su red mundial de espionaje (mentira, lo consiguieron torturando durante años a un pobre diablo en Guantánamo Resort), localizan en Pakistán (país de los malos de la película) una casa construida con materiales que no tendría ni una chabola de Las Barranquillas, a 10 minutos de la central de policía de aquella ciudad, (el señor Laden era un experto en el camuflaje). Alli, el Príncipe del Mal, que pese a lo que se pensaba, vivía como un andrajoso, pasaba sus días junto con varias de sus mujeres e hijos. Las imágenes muestran a un Osama envejecido y encorvado, que se dedicaba, sentado en el suelo, a contemplar videos suyos en un televisor de tubo catódico antediluviano. Cuesta creer que desde allí dirigiera si quiera una guardería infantil.
Pues bien, los salvadores de la humanidad, que siempre suspendieron en derecho internacional, (ah! que Pakistán tiene soberanía nacional) mandan allí a unos matones bien armados, entran a saco en aquel “chalet” de cemento visto y a sangre fría, fríen a balazos a un viejo desarmado y alguna mujer que recibió también sus dosis de justicia.
Dicen que barajaron otras opciones menos humanitarias, como bombardear la casa, pero les pareció más correcta la fritanga (freir a balazos). Es por ello que no muestran fotos del cadáver, ya que quedó muy feo, y en la C.I.A de matar saben un rato pero el arte del maquillaje no lo dominan tanto.
¿Cuál es la imagen que el mundo occidental, racional, civilizado, basado en eso que llaman el imperio de la ley, ha dado a estos pobres “bárbaros salvajes”?
Pues que uno se puede erigir juez de la causa y tomarse la justicia por su mano. Porque a Osama se le imputa un delito, que por muy horrendo que nos parezca, no ha sido probado por un órgano judicial imparcial. Se ha socavado de esta manera una de las garantías más fundamentales que tiene una persona, que es el derecho a un juicio justo. Da igual que mates a una persona o a un millón, no hay excepciones en esto. Todos los delitos deben estar tipificados en una ley previa y someterse a un procedimiento judicial con garantías. Este fue un logro que costó siglos, acabando así con la imparcialidad de los poderosos, del señor feudal de turno, porque la ley es expresión de la voluntad popular.
Y si el crimen “supuestamente” cometido por Bin Laden me repugnó en su momento, el crimen al que he asistido ahora me ha repugnado aún más. Un chiflado puede matar haciendo un grave daño a la sociedad pero esta no puede actuar como un dios vengativo saltándose todas las normas que son la base y esencia misma de su existencia y lo que la legítima frente a otras formas societaras humanas en estado de naturaleza.
EEUU ha cometido un asesinato, perdiendo de esta manera la mucha o poca razón que tuvieran en la causa y ha dado pie, con su mensaje explicito, a que determinada parte del orbe no crea su papel de benefactor mundial.
Han perdido una oportunidad de hacer justicia, han tomado el camino fácil y efectista y han vuelto como siempre a sus fueros y su lema: El poderoso puede hacer lo que quiera.
Mientras tanto la espiral de odio y sinrazón seguirá girando porque vosotros intencionadamente o no, así lo quisisteis.
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