viernes, 3 de abril de 2009

VICTORIA

La historia de hoy va por todos vosotros.

Por los perdedores, si por los perdedores aquellos que en un intento de llegar a algún lugar no pudieron por sus propias limitaciones físicas o psíquicas, por ser sacados del camino por otro más fuerte, por ser objeto de la maldad humana o simplemente pisoteados por esto a lo que llamamos vida.

Los que no alcanzaron el buen puerto, aquel que desde la popa del barco intentaban divisar los días claros y con el que soñaban llegar y dejar por fin de moverse al son de mareas caprichosas y vientos implacables. La tormenta hundió su frágil barco y arrastro todas las esperanzas a unos abismos de oscuridad desconocidos.

Los que no llegaron a besar a su amada. Nunca se tuvo valor para dar ese paso, se desperdició el tiempo y este, como buen dios vengativo, se la llevó para siempre. Ahora ella no existe, y aunque tratas inútilmente de buscar su cara en la superficie de la luna, esta sólo te devuelve una desoladora palidez y su brillante claridad quema en esa herida que nunca deja de sangrar.

Los que no quisieron seguir el camino marcado, los que tenían algo que decir distinto, los que se enfrentaron a su realidad, los que no plegaron la rodilla ni besaron su mano. Fueron perseguidos con igual dosis de miedo y odio y valiéndose de una estúpida superioridad numérica, se les segó la vida, al igual que pisamos a las hormigas al creerlas molestos insectos.

Los que la vida les escupió en este mundo de robots de piel y hueso. Y por no llevar reloj, se sintieron perdidos en el ritmo y quedaron fuera del baile. Al igual, que a los menos guapos del pueblo, nadie les sacó a bailar y fueron incapaces por si mismos de animarse en esta macabra fiesta.

Los que nacieron con el viento en contra. Animosos empezaron esta empresa y trataron con gran esfuerzo de subir cumbres a pie mientras otros lo hacían a caballo, tratando de avanzar siempre en lucha contra los elementos. Un día, una ráfaga más fuerte de lo normal, les partió el cuello y cayeron desplomados dejando en el camino la vida.

Por todos, un segundo de gloria os bastó, presentíais el final pero no había otra salida y si la había, no era para vosotros.

Desde el lugar en el que os encontráis, descansando el apaleado cuerpo nos miráis con el mismo desprecio que la vida os ofreció.

Paz

martes, 24 de marzo de 2009

Déjame que te cuente

Déjame que te cuente

Al final, un beso marca nuestro fin, si se puede llamar fin a aquello que nunca existió. Miento, si existió, lo sentimos, quizá sólo fue un momento, déjame que guarde ese recuerdo.

Algo faltó, no cayó esa última gota que hace que el embalse reviente y baje valle abajo con la fuerza sobrenatural de los elementos desbocados. Desbocada fluía la sangre cuando te acercabas en esas tardes de marzo, en ese rinconcito del día donde el sol muestra su lado más benigno y nos deja entrever lo que la voluptuosa primavera nos enseñara días más tarde.

Fue todo rápido, un mismo destino nos llevo a aquellas aulas frías, llenas de caras extrañas, de distintos acentos pero quizá de las mismas ilusiones. Cerca de la ventana estabas sentada, ¿te miraba a ti o miraba la luz? Miraba la misma cosa.

El día que fuimos al museo, contemplamos las pinturas y ellas a su vez contemplaron la historia que estábamos intentando pintar con nuestras toscas manos y temblorosos pinceles, algo a lo que no supimos o no supe darle forma.

En la caótica noche madrileña cenamos, ver un poco más pude, ¿que vi? No se, no quise saber ciertas cosas o quise saberlas todas. Hambre no tenía, pero hubiera gustoso comido de tu boca lo que en ese momento hubieras querido darme. Pero es peligroso desbocar la pasión, porque como sabes, una vez soltada, cabalga veloz hacia parajes desconocidos aunque en ese momento deseados.

Pero no, sólo silencio y un sabor muy amargo me queda. No por lo que no fue, si no por lo que te llevas a esas bellas tierras que espero poder pisar algún día. Si leyeras esto, no lo entenderías quizá, pero este silencio me dejó más dolido que la mayor de las bofetadas que, seguramente, por otra parte mereciera.

Me falto algo de luz para encontrar la salida y por eso antes que perderte a ti, preferí tragar este veneno….

Déjame que te cuente.

viernes, 2 de enero de 2009

Castilla

Hace un día soleado, no obstante el viento es cortante..."como siempre aquí" pienso.

La subida a lo alto del castillo me hizo no obstante acelerar el pulso y la respiración...La vista desde aqui es magnifica. Distraido mirando el inmenso llano que se rinde a los pies de la fortaleza, una voz me saca de mis pensamientos:

- "sólo quedan 4 piedras mal puestas", "los de la oficina de turismo no veas si exageran lo que puede verse aqui" -dice mi compañero mientras enciende un cigarro con dificultad por las fuertes ráfagas de viento, que como castigo a sus palabras, hacen que su cigarrillo salga volando y se pierda en el antiguo foso que daba entrada al castillo

-¡mierda! era el último- gritó.
El comentario de mi amigo resonó en mi cabeza, y como la chispa que enciende la paja seca, provocó una serie de pensamientos...

Muchas de mis salidas turísticas se han desarollado por tierras castellanas, es un sitio por donde me gusta viajar pero siempre me hacen volver a casa con cierta melancolia. Pateando sus calles, visitando sus iglesias y catedrales, ascendiendo a sus castillos, muchos de ellos en ruinas puedo ver lo injusta que puede ser la historia y lo cruel de esa ficción a la que llamamos Tiempo.
El observador inexperto y/o iletrado al igual que el niño, sólo verá lo que la intemperie, los años, y la actividad y/o brutalidad humana han dejado en pie, pero más alla de las piedras, las casas y los paisajes, llega un murmullo que resuena en el aire como una melodia eterna y que nos recuerda lo que esta tierra fue.

Tierra extrema con inviernos heladores, de noches largas y oscuras y veranos abrasadores en donde, con frecuencia, la sequia deja su impronta de muerte y polvo. Es este fuerte clima lo que imprime a sus habitantes su carácter duro y resignado y por lo que las tropas castellanas fueron famosas como las más resistentes y sacrificadas.
Castilla fue heredera moral del gran Imperio Romano y a lo largo de los siglos luchó por extender sus dominios , su cultura, su lengua y su religión. Fue temida y admirada a partes iguales, su poder económico y militar propiciaba la envidia de paises y reinos vecinos.
Dentro de la península fue creciendo incorporando territorios vecinos. Esta adhesión no se produjo por la fuerza, sino que los pequeños reinos viendo la oportunidad de contribuir a una empresa mayor, ayudaron con ahinco y tesón a la grandeza de Castilla primero, y a la de España después, como algo propio, abandonando antiguas posturas antagónicas.

Castilla fue el embrión de España, de sus fuertes cimientos nació una nación que ha llegado hasta nuestros días.Sería muy complicado describir en pocas palabras lo que se forjó en esta tierra. La cultura occidental debe mucho a los grandes escritores, pintores y gente del saber que nacieron aquí.Como producto de este explendor cultural han llegado hasta nuestros días miles de obras( y las que se perdieron) ya sean en papel, lienzo, oro, tela o granito que sorprenden por su belleza y perfección a todo aquel que tiene la suerte de contemplarlas.

De su grandeza se desprendía su magnificencia.Castilla no ha sido ni es tierra excluyente, todo aquel que vivió y y trabajó en su lecho fue tratado como un castellano sin más consideraciones. Y es quiza por este carácter generoso y fiel por lo que el tiempose ha cebado cruelmente con su nombre. Hoy día pequeños territorios que en su día formaron parte voluntariamente de este gran proyecto, claman por una independencia moderna, que enrojecería por pretenciosa y futil a sus antepasados y que no se basa más que en el odio al vecino y en una descarada manipulación del pasado. Porque si alguna independencia fuera legítima en la piel de toro sería la de Castilla. Pero no, muy al contrario, Castilla tierra generosa y coherente supo sacrificar su nombre por construir un país conforme a los nuevos tiempos sin hacer reivindicaciones absurdas o pretender ser lo que nunca fue...

Nada muere mientras se mantengan los recuerdos en el corazón. Por eso, desde lo alto de esta torre en ruinas, contemplando el majestuoso paisaje, no puedo dejar de sentir una gran emoción por encontrarme en un lugar tan señalado, aún sabiendo que esos dias de gloria quizá no vuelvan más.