La tarde era aburrida.
Aquella red social, no me convencía. Siempre he tenido ciertos recelos acerca
de conocer gente por Internet por todos los problemas que este medio puede
suponer y que no explicaré ahora. Me apetecía hablar con alguien, quizá conocer
a una persona especial o simplemente matar el rato y en aquella página no era
posible hablar más que con gente que previamente ya conocías. No obstante seguí
enredando, y apliqué uno de los filtros que permitía establecer los criterios
de búsqueda. Y así introduje el nombre de mi colegio, de mi instituto y de mi
universidad, intentando buscar personas con las que tener algo en común, un
motivo con el que entablar una conversación, que fuera más allá del “hola que
tal?” . El resultado fue positivo y así me aparecieron unas cuantas chicas,
todas ellas con el perfil bloqueado a extraños que cumplían estas
características.
Así, movido por la
curiosidad mandé un mensaje breve a dos o tres de ellas, intentado obtener alguna
respuesta. De estas chicas en concreto, había una que me llamó especialmente la
atención por su mirada. Los ojos claros tienen la virtud de transmitir sentimientos
con esa claridad deslumbrante de un cielo azul de primavera, que a veces puede
no presagiar la tormenta de minutos después. De los tres mensajes que mandé
solo la chica de la intensa mirada fue la que me contestó. Su mensaje fue
breve, lacónico, incluso desconfiado. Me hizo amiga suya, y me dijo que apenas entraba
por allí, que ella era más de usar otra red social pero no mostró un entusiasmo
especial, como era de esperar frente a un desconocido que la hablaba.
Al día siguiente entablamos
una breve conversación. Recuerdo que uno de los primeros temas que tratamos era
acerca de un profesor de gimnasia que tuvimos los dos en el colegio, uno de los
profesores más carismáticos que he tenido en mi experiencia escolar. Me gustó
el cariño con el que se refirió hacia él, porque yo también se lo tenía. Y así
a los pocos días, uno de los fines de semana que regresé de mi exilio
extremeño, quedé con ella.
Quedamos muy cerca de mi
casa, con lo cual pude ir dando un paseo tranquilamente. Cuando llegue, ella
estaba allí. Vestía de oscuro. Pantalón de camuflaje, chaqueta negra y pequeño
bolso en bandolera. No venía pintada, pero la verdad que su cara me cautivo desde
un primer momento. Me gustó la naturalidad que me mostró.
La noche era fría, propia de un otoño que ya empezaba a abrir la puerta al
invierno. La propuse ir a tomar algo pero ella se negó, y me dijo que prefería dar
un paseo.
Así comenzamos a caminar por
aquellas calles que tan bien conocía y que ahora, a su lado, cobraban una luz
diferente, era como si cambiaran, si tuvieran otro aroma. Durante el paseo,
atisbé un poco su personalidad. Se veía que era una chica franca, directa, que
contestaba a todo lo que se la requería pero que no preguntaba mucho acerca de
mí persona. Hablamos de cosas más o menos banales, como es menester en la primera cita,
y todo discurrió con normalidad. Después de unas dos horas caminando, volví a
insistirla en ir a tomar algo, pero ella volvió a negarse explicándome que no
le gustaban demasiado los bares, aspecto que me gustó, porque con mis respetos para los amantes de las tabernas, prefiero estar en otros sitios. Así que me propuso ir a su casa, descubriendo
de esta forma, que pese a su corta edad,
ella vivía solo en un pequeño piso.
Subí a su casa, la verdad
que una vez dentro no pude evitar ponerme algo nervioso. Nos conocíamos hacía
unas horas y ya me encontraba en su hogar, de alguna forma estaba invadiendo su
intimidad, y llegue a temer que ella estuviera incomoda por algún motivo,
aunque yo trataba de mostrarme lo más agradable posible al objeto de no hacerla
sentir mal.
Mi nerviosismo era notable.
Empecé a hablar demasiado, apenas la dejaba meter baza en la conversación, y lo
peor de todo es que yo era consciente de ello pero no podía hacer mucho por
evitarlo. Era una conversación algo intrusiva por mi parte, defecto que se me acrecienta con personas con no demasiada conversación, como era su caso. Nos encontrábamos
sentados en el sofá. Un sofá que ahora me trae demasiados recuerdos. Así, sin
pensarlo más la besé, y ella me respondió “favorablemente”. Puede parecer algo
quizá estúpido pero su aliento me pareció muy agradable, con lo cual aquellos
besos fueron altamente placenteros. Sus labios carnosos ofrecían un contacto
muy sensual y rápidamente encendieron mi libido.
El ascenso en el placer fue
rápido, ella se desenvolvía muy bien, yo algo más torpe. Estaba claro que por aquel
entonces, ella me ganaba en experiencia en esos terrenos, pese a que yo le
sacaba 6 años. Y digamos que no fue el típico contacto rápido y monótono a que
me tenía acostumbrado mi anterior novia. Era contundente, conocía bien los
centros de placer del hombre y pese a hacerlo con un total desconocido, se
mostró muy, muy cálida. Y lo mejor de todo fue el final sin duda, uno de esos
finales que no se olvidan fácilmente.
¿Qué pasó por mi cabeza? Que
aquella chica era una bomba. ¿Sería mi novia? En aquel momento si soy sincero
creí que no. Como amiga especial desde luego no tenía precio, y aquella noche
volví a casa a dormir con una sensación altamente agradable, pese al cansancio
de un día largo, que comenzó en Extremadura y finalizó en un pequeño pueblo
perdido de Castilla, con una chica que desde un primer momento me mostró que era
especial.
Digamos que su rapidez en el
contacto personal movió un poco mi idea sobre lo que debe ocurrir en las primeras citas,
pero al fin y al cabo fui yo quien se lanzó y la besó. Si me hubiera estado
quieto, quizá habría vuelto a mi casa con otra idea. Ya sabemos que dos no se
pelean si uno no quiere. En el pasado, se esperaba de la mujer que fuera “guardiana”
de las buenas formas y de la virtud. Hoy día, en una evolución de los sexos,
puede esperarse que los dos lo sean o ninguno, como ocurre en la actualidad. Pero
este punto no es ahora relevante, y si lo traje a colación fue porque en su
momento si que llegué a pensar sobre ello. En aquel día necesitaba besarla y esa es la única verdad.
Pero lo mejor y lo peor
estaba por llegar.
Continuará….
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