viernes, 9 de agosto de 2013

Tres pequeñas historias de muerte (I)

Volviendo a escribir unas breves líneas de tosca prosa, he pensado relatar tres pequeñas historias las cuales quizá no tengan nada en común.

La primera de ellas habla de la vida de Karen Launcame o Karen Bach. Imagino que a la mayoría de los lectores este nombre no le diga nada. Realmente no es un personaje famoso, forma parte de ese mundo sórdido de las películas para adultos, ese mundo de bajas pasiones y deseos ocultos.

Karen nació en el seno de una familia de clase alta en la bella localidad francesa de Lyon. Su padre era francés y su madre marroquí, lo que dio como resultado una belleza especial mezcla de refinamiento francés y misterio árabe. La juventud fue como la de cualquier niña, con su colegio, sus rodillas llenas de heridas de rodar por el suelo y sus primeros sueños en el aire. Quizá se enamoró de aquel niño que en un recreo le robó un beso furtivo.

Karen no podía imaginar cual sería su futuro. Ser abogado, médico o incluso juez, rondaba por su cabeza, pero otras veces, cuando los estudios se volvían más cuesta arriba, pensaba en abandonarlo todo y vivir una vida más intensa y rápida, alejada del tedio y del sacrificio que supone estudiar una carrera, y más a edades en las que la sangre se encuentra en plena ebullición y la cabeza se pierde en las nebulosas de la inmadurez.

Y de este modo pasaron los años, superando la rutina sin grandes contratiempos, más allá de los quehaceres diarios que mataban su tedio. Así, llego ese momento, en que se transita a la vida adulta y se abandona para siempre la inocencia de la juventud. Tenía 17 años cuando algo en su interior se rasgó y anunció que su mundo ya era otro distinto.

Pocos años más tarde, en pleno auge de la música electrónica que se produjo al inicio de la década de los 90, en una de las aquellas discotecas, Karen conoció a la que posteriormente seria su marido, un Dj. que se ganaba un dinero extra pinchando en aquellas glamourosas salas. Se trató de un flechazo, ambos eran jóvenes y bellos, tenía todo el mundo por delante.

En aquellas conversaciones tan interesantes que suelen ocurrir en la cama, tras los momentos de unión amorosa, ella le confesó que le encantaría casarse y ante todo, formar una familia con muchos hijos, porque los niños le volvían loca. Era una anhelo que llevaba dentro desde hacía mucho tiempo atrás, y ahora, con la seguridad que otorga tener una pareja, parecía que podía conseguir.

Al poco tiempo de la boda, la pareja comenzó a sufrir problemas económicos. Su marido, que se movía mucho en el mundo de la noche, la propuso ganarse un dinero extra, rodando una película X. Al principio, a Karen le pareció una idea descabellada, pero poco a poco la idea de mejorar su economía le animo a dar el paso.

Así comenzó a rodar.  Y su situación económica mejoró, pero el destino movió los resortes del amor, y aquella pareja puso fin a su camino en común.

No obstante, ella continuó participando en este tipo de películas. Poco a poco fue labrándose un nombre, llegando a rodar con los mejores directores europeos, con producciones de cierto calado para este tipo de cine, participando al final de su carrera en películas de productores de América, la meca del cine de la carne.

Su imagen ante la cámara siempre destilaba un halo de tristeza. Participó en todo tipo de escenas, con prácticas de sexo oral, anal, dobles penetraciones y orgías. Su belleza racial, una estilizada figura, le hacía muy apreciada por los amantes del género que buscaban una mujer alejada de los típicos "plásticos" del las producciones americanas las cuales presentan escenas más "masivas" ya sea por el perfil de las actrices, argumentos más simplones, ausencia de decorados, y un sexo más irreal, si cabe, frente al cine europeo que era algo más complejo, buscando el morbo más en las situaciones que en el propio acto en sí.

Pese a su "experiencia" a Karen nunca le gustó este mundo. Sufría ante determinadas escenas, sobre todos las que implicaban sexo anal, y en alguna ocasión se lamentó del trato que recibía tras rodar alguna escena, donde empapada de todo tipo de fluidos, ni siquiera recibía una toalla para secarse, "una vez acabada la escena, no eres nadie"-comentó en una entrevista. En alguna de sus producciones puede verse que efectivamente distaba mucho de disfrutar ante determinados tipos de escenas, y si bien normalmente los consumidores de este tipo de cine suelen reparar poco en el "alma" de las actrices, para aquellos seguidores y entendidos de este "arte" el cierto disgusto con que realizaba ciertas prácticas, le convertía en una actriz con un alto grado de morbo.

El destino pareció darle una oportunidad de la mano del polémico film "Viólame", una road movie, que se presentó en festival de Cannes, un alegato feminista lleno de sexo explicito y sangre nunca visto en una cinta "convencional", y que removería los estómagos más sensibles ( a mi me lo removió). Abandonando su nombre de guerra, Karen Bach intentó a partir de este momento de hacerse un hueco en el cine convencional, dejando a un lado el cine X.

Y cuando todo parecía cambiar, el 28 de enero del año 2005, nuestra heroína apareció muerta en el apartamento de su novio en París, tras consumir una dosis letal de temazepam, sin que nadie pudiera sospechar este trágico final.

Ese día, los telediarios comentaron las aburridas noticias de siempre, y ninguno se hizo eco de su muerte, que pasó desapercibida como la mayoría de los humanos. 

Su alma atormentada, encontró la liberación abandonado un mundo que no llego a entender del todo. Todavía sus películas siguen rodando por internet, y muchos hombres encuentran liberación visionando sus escenas sin saber si quiera el intenso mundo que había detrás de esta bella mujer y que no se por qué motivo estoy contando ahora, intentando quizá luchar contra el anonimato del tiempo.

19 de enero de 1973- 28 de enero de 2005 R.I.P.



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viernes, 19 de abril de 2013

Ferrari


De nuevo sentado en esta misma piedra. Acabo de regresar del exilio, de horribles guerras en sitios lejanos, tan lejanos que ni siquiera sabía que existían. El cuerpo viene magullado, el corazón fatigado y la mente turbada.

Regreso a mi hogar, a esta casa que me albergó tantos años, en un reino, Castilla, que ni si quiera existe ya, que sólo aparece en apergaminados libros de historia. Fuera del tiempo y del lugar, quizá tampoco mi existencia sea real, por más que me afane en gritar: ¡¡¡ESTOY AQUÍ!!!

Los amigos, los pocos que existieron, se fueron a lugares más cálidos y cómodos, y mis viejas glorias recorren este páramo infinito. Alfonso, no se puede luchar contra los elementos, ¿es que no has aprendido la lección? Alguna vez te sentiste poderoso, yo te di tu fuerza, te doté de herramientas mentales para que el viaje fuera más placentero, pero tu alma era rebelde, en lo más profundo de tu ser, se desencadenó una profunda lucha que no has sabido aplacar con el paso del tiempo.

Conozco perfectamente lo que te aflige ahora, has visto horrores que otras personas directamente no habrían soportado, muriendo de espanto o, en el mejor de los casos, quedando traumatizadas de por vida. Sin duda eres uno de los nacidos bajo el signo del Toro, sensible y fuerte al mismo tiempo, tentando por los placeres de la vida sobre los que debes ejercer una continua represión, incomprendido en muchos de tus ideales, los cuales, la mayoría de los seres que se arrastran por el suelo, no son capaces ni si quiera de intuir. Venus, tu estrella, te hace sentirte atraído por la sensualidad y eso, a veces ha sido, tu perdición.

Alfonso debes comprender que se puede llevar el burro a la fuente, pero no se  le puede obligar a beber. No eres el Cid Campeador, ni puedes hacer prodigios propios de un Ser superior. Has intentado sacar a gente del pozo, pero reconoce que el pulso te ha temblado, quizá superado por la empresa que tenías que atender y ese temor ha estado a punto de costarte una caída hacia esas aguas oscuras. No te lo digo en tono de crítica, no te lo pusieron nada fácil, el que se ahogaba en el pozo no sólo no te ofrecía su mano, si no que tiraba de ti hacía abajo.

Te has criado en una familia ejemplar, gente sencilla pero firme en sus ideas, y sobre todo generosos, gente que da más de lo que espera,  con unos ideales, que equivocados o no, cumplen todos los días. A veces has criticado su tozudez, pero nunca olvides que eres un afortunado y cuando pase el tiempo, lo verás claro. Sabes que tienes un ángel de la guarda que cuida de ti, que muchas veces te ha tendido la mano cuando estabas en el desierto de la desesperación.

No es fácil ser así, tu sufrimiento ha sido inmenso, los seres con mayor capacidad aman, ríen y aman en cantidades tan elevadas que harían explotar el corazón, si ese caudal corriera por la vena de los otros. Pero el Ser Supremo da a cada uno lo que puede soportar, no lo olvides, y ante todo, no te enfades con los niños, son sólo eso niños, que viven en su mundo de fantasía, pero que la mayoría de las veces, sólo sienten miedo y lo único que buscan es protección, sin entrar en otras consideraciones.

Deja que jueguen, cuando maduren, se darán cuenta de cosas que tu ahora sabes, pese a que cuando llegue ese momento, tu, quizá, ya no estés en este mundo. Dialoga con ellos, respétalos, pero no te frustres si no te entienden, simplemente no son capaces.

Tienes la arrogancia de las personas de buen corazón, tu alegría vital, pese a todo es enorme, porque tu amas la vida, la amas en todos sus aspectos, la muerte te ha tentado tantas veces, que ahora te agarras a la vida con todas las fuerzas. Pero esa actitud hará que los niños te tachen de arrogante, repito, perdónaselo, ellos todavía no han alcanzado un grado elevado de reflexión ni de abstracción mental y te miraran con desprecio e incomprensión.

Y ahora, debo irme, he reparado tu armadura, y he vuelto a afilar tu espada, toma mi consuelo en tu pecho. El futuro te reserva una gran sorpresa, ahora no puedo adelantarte en qué consiste, pero será lo que te merezcas, porque, al final, el tiempo da a cada cuál lo que se merece y puede asumir, y para acabar, conociendo tu afición por los coches, te digo que no todo el mundo puede conducir un Ferrari ;)



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viernes, 15 de marzo de 2013

Luna nueva

La habitación se encontraba en penumbras.Un intenso olor a hierba quemada inundaba aquel pequeño piso, impregnando mi ropa de ese aroma dulce que brotaba de las velas que ella había colocado en varias esquinas para alumbrar aquel pequeño hogar.

La tarde, fuera de aquellas paredes era fría. El viento del norte azotaba sin piedad las ventanas salpicadas de pequeñas manchas de barro. Hacía tiempo que no se limpiaban, mostrando una dejadez que algún maniático de la limpieza habría considerado intolerable.

Lo cierto es que se respiraba bastante desorden. No obstante, lo que más me llamaba la atención de aquel piso no era tanto aquel pequeño caos, si no la ausencia de vida. Era como si ella no viviera allí, como si sólo acudiera a dormir, como una especie de madriguera en la que refugiarse del brutal exterior. No había proyecto vital en aquellos muros. Un pequeño radiador eléctrico se afanaba en proporcionar calor, pero rápidamente huiría por los resquicios de unos corazones con demasiadas grietas para mantener una temperatura constante.

Su pálido rostro se iluminó de repente, reflejado por la blancura del fondo del buscador de internet que usaba en ese momento. Me dijo que esperara unos minutos que tenía que encontrar algo. No pregunté que era aquello que la tenía tan ocupada porque realmente no me importaba. Cuando la relación de confianza es tan profunda, los silencios no son incómodos. No necesitaba mantener un ruido constante en sus oídos para tapar mis pensamientos o edulcorar el ambiente con palabras que serían rápidamente olvidadas. Me limitaba a contemplar cómo sus finos dedos se deslizaban por aquel pequeño teclado con una velocidad endiablada.

Con una leve sonrisa cerró la tapa del portátil, y tras beber un vaso de agua, se acomodó en el sofá donde yo me encontraba jugueteando con el teléfono móvil. De repente sonó aquel silbido que anunciaba la entrada de un nuevo mensaje en aquel terminal inteligente. Con una mueca de desencanto hizo como si no hubiera oído nada y continúo hablándome como si tal cosa. Disimulando comprobé que se trataba de un mensaje sin interés, otra de las cientos de imágenes sin gracia que mandan los amigos, pero al levantar la mirada, comprobé que su mueca había cambiado, mostrando un evidente enfado.

Por un segundo mi mente hizo amago de explicar la naturaleza del mensaje, pero una intimidad sobrevenida y quizá un atisbo de crueldad me hicieron sellar los labios, continuando con aquella insustancial conversación como si tal cosa. El silencio se impuso. Por unos instantes me arrepentí de haber provocado aquella situación. Realmente no me agradaba hacerla sufrir pese a que los dos hacíamos como si nada ocurriera en aquella conversación entre amigos, porque, quizá, nada ocurría y todo era fruto de una imaginación excitada.

Pero antes de que pudiera si quiera reaccionar, como punzada por una aguja invisible, se lanzó sobre aquel terminal coreano y en un arrebato propio de una persona fuera de sus cabales, me lo arrancó de las manos y lo lanzó contra la pared provocando un estallido de piezas, que saltaron por los aires como pequeños meteoros de plástico.

Arrepentida quizá, sus ojos se enrojecieron anunciando un llanto que se acumulaba en su interior desde hacia quien sabe cuánto tiempo. No pudo continuar, y en un rápido movimiento me abalancé sobre ella y, agarrándola con una mano firmemente por el cuello la mordí, llenado mi boca de un sabor que me era muy familiar y marcando aquella frágil columna con un escandaloso hematoma.  Asustada, trato de apartarme de su lado, empujándome hacia el otro lado del sofá. Me deje caer sin ofrecer resistencia, y durante unos segundos las miradas se mantuvieron fijas, inmóviles, pétreas, mezclando todo tipo de sensaciones. Quiso hablar, o gritar no sé, pero sus labios no dijeron nada.

Mi pulso acelerado no se conformó con eso. Lentamente avancé hacía el extremo del sofá en la que ella se sentaba. Su rostro destilaba miedo, pero la expresión de su cuerpo no era de temor, de hecho, observando mi acercamiento se mantuvo inmóvil esperando aquel encuentro entre los cuerpos. Agarré su blusa y con un fuerte tirón la desabroché, escuchando como algunos botones caían al suelo con un sonido similar al de gotas de lluvia golpeando contra el cristal de las ventanas. Acerqué mi rostro a su vientre. El contacto con mi incipiente barba hizo que su rubio bello se erizara, emitiendo un leve suspiro por aquella boca de sensuales labios.

Recorrí su torso muy lentamente llenando mis pulmones de su esencia, sintiendo las palpitaciones de su corazón acelerado a través de mis labios, que humedecidos por la excitación, se acercaban hacía su boca en una carrera sin meta conocida. Cerró los ojos esperando ese beso anunciado, pero me alejé de su boca  y dirigiéndome veloz al lóbulo de su oreja, lo mordí delicadamente al tiempo que le susurraba al oído:- Dime que no me quieres-

De repente, su rostro enrojecido por el calor, se tornó en un blanco helado. Dudó, pero al final, con una voz entrecortada me contestó:- No te quiero, he intentado olvidarte ya, sabes que así es mejor, de hecho, no sé porque estás haciendo esto-.

¿Esto?- la contesté al tiempo que, cogiendo el cinturón de su bata, le ataba aquellas frágiles muñecas, pasando el cordón entre los barrotes de su cama, dejándola inmovilizada y permitiendo sólo el movimiento de sus piernas que se abrían y cerraban levemente en un baile nervioso.

-Yo tampoco te quiero ya, de hecho desde que te fuiste de mi vida, todo ha ido mejor. Esperando un revoloteo furioso de sus piernas apreté mis muslos contra las suyos, pero lo cierto es que, no sé si por una cuestión de agotamiento físico o por otros motivos, estos sólo repetían un leve movimiento ascendente y descendente, en una cadencia rítmica como el movimiento de las aspas de un molino.

El color volvió a su rostro. De nuevo volvimos a tener contacto visual. Las miradas se tornaron duras, una lágrima brotó por mi mejilla y cayendo por su abdomen, se perdió en las profundidades de su ser, dejando un fino sendero brillante que indicaba el camino de mi deseo. Un calor repentino me confirmó que había cruzado aquella puerta, y mi cuerpo respondió con un nuevo compás que se aceleraba y ralentizaba por momentos, como si estuviéramos escalando el inaccesible monte del pecado.

Aprovechando su indefensión, giré su cuerpo, quedando sentado sobre aquel voluptuoso trasero de una suavidad sedosa. Tumbándome cerca de su oído volví a susurrarle, mientras rompía una nueva barrera de su cuerpo: - El dolor en si, es inútil, da igual lo que yo haya sufrido o lo que tú puedas sufrir, de esta vida saldrás sin él.

Un pequeño quejido salió de su ser, provocado por aquel cuerpo que intentaba profanar su alma. Ella trataba de darme una respuesta pero aquella presión martilleaba su cabeza y la esclavizaba a aquel deseo frenético. 

- No, no, no…- era lo único que acertaba a decir, mientras rompía a sudar, con esa mezcla de miedo y placer. Aceleré el ritmo, y noté que mi piel se había sensibilizado hasta niveles extremos, sintiendo el roce de cada pliegue, de cada aliento, de cada sollozo. Otra lágrima brotó de mis ojos instantes después de derramar el líquido de mis pasiones.

-¿Sabes porque te odio? le susurre mientras ella se recuperaba de la excitación. Una vez recuperada la libertad en las manos y con un valor que me sobrecogió, se acerco a mi boca y a escasos milimetros, aguantando la distancia con una precisión matemática para evitar el roce de nuestros labios, me atravesó con una media sonrisa: - Por que no puedes borrarme de tu mente.

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domingo, 3 de marzo de 2013

Noche

Tengo que hacer un alto. El ritmo de mis pasos es demasiado rápido para seguirlos. En la senda del olvido me hallo.

La dejé sobre esta piedra, este frío granito. Estaba herida , llega de cortes, algunos profundos en el corazón, y muchas magulladuras por toda la piel. Su mirada era triste, pero conservaba algo de vida todavía  Ahora regreso y no hay nada, ni siquiera se conservan sus huesos, algo con lo que poder consolarme. Las fieras la debieron despedazar y devorar aquella piel que otrora calmaba el frío de mi alma. 

La niebla del bosque era espesa y estaba anocheciendo. ¿A donde debía ir ahora? Las lechuzas me miraron al pasar y con un grito que espanto mis huesos, me hicieron sentir el aliento del infierno. Los caminos se me cruzaban y era incapaz de encontrar el que conducía  mi hogar. ¿Qué hogar? Regresar aquella cueva llena de humedades y oscuridades que no me dejaba descansar en aquellas gélidas noches invernales. 

No había salida en aquel laberinto de matorral y árboles retorcidos. Los únicos sonidos que oía eran el latido de mi corazón acelerado por el miedo y el crujido de las hojas muertas que hacia meses reposaban en el suelo esperando ser desplazadas por el viento a su antojo.

En aquel oscuro bosque el avance era imposible. Daba igual en la dirección que caminaras, nunca se encontraba el final de aquella pesadilla, aquello no tenia ni principio ni fin ,la ausencia de luz impedía tomar referencias y continuamente se pasaba por terrenos que ya habían sido pisados.

La luna se velaba por nubes, venus la estrella más brillante, esa noche no me iluminaba. En un acto de desesperación comencé a correr pero tropecé y caí por un agujero, a un profundo pozo. Malherido exhale un último grito de desesperación chillando su nombre hasta que aquellas criaturas se abalanzaron sobre mi y, en unos pocos segundos, fui reducido a un montón de carne sanguinolenta y huesos quebrados.

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miércoles, 27 de febrero de 2013

Catarsis. Primera parte.


La tarde era aburrida. Aquella red social, no me convencía. Siempre he tenido ciertos recelos acerca de conocer gente por Internet por todos los problemas que este medio puede suponer y que no explicaré ahora. Me apetecía hablar con alguien, quizá conocer a una persona especial o simplemente matar el rato y en aquella página no era posible hablar más que con gente que previamente ya conocías. No obstante seguí enredando, y apliqué uno de los filtros que permitía establecer los criterios de búsqueda. Y así introduje el nombre de mi colegio, de mi instituto y de mi universidad, intentando buscar personas con las que tener algo en común, un motivo con el que entablar una conversación, que fuera más allá del “hola que tal?” . El resultado fue positivo y así me aparecieron unas cuantas chicas, todas ellas con el perfil bloqueado a extraños que cumplían estas características.

Así, movido por la curiosidad mandé un mensaje breve a dos o tres de ellas, intentado obtener alguna respuesta. De estas chicas en concreto, había una que me llamó especialmente la atención por su mirada. Los ojos claros tienen la virtud de transmitir sentimientos con esa claridad deslumbrante de un cielo azul de primavera, que a veces puede no presagiar la tormenta de minutos después. De los tres mensajes que mandé solo la chica de la intensa mirada fue la que me contestó. Su mensaje fue breve, lacónico, incluso desconfiado. Me hizo amiga suya, y me dijo que apenas entraba por allí, que ella era más de usar otra red social pero no mostró un entusiasmo especial, como era de esperar frente a un desconocido que la hablaba.

Al día siguiente entablamos una breve conversación. Recuerdo que uno de los primeros temas que tratamos era acerca de un profesor de gimnasia que tuvimos los dos en el colegio, uno de los profesores más carismáticos que he tenido en mi experiencia escolar. Me gustó el cariño con el que se refirió hacia él, porque yo también se lo tenía. Y así a los pocos días, uno de los fines de semana que regresé de mi exilio extremeño, quedé con ella.

Quedamos muy cerca de mi casa, con lo cual pude ir dando un paseo tranquilamente. Cuando llegue, ella estaba allí. Vestía de oscuro. Pantalón de camuflaje, chaqueta negra y pequeño bolso en bandolera. No venía pintada, pero la verdad que su cara me cautivo desde un primer momento. Me gustó la naturalidad que me mostró. La noche era fría, propia de un otoño que ya empezaba a abrir la puerta al invierno. La propuse ir a tomar algo pero ella se negó, y me dijo que prefería dar un paseo.

Así comenzamos a caminar por aquellas calles que tan bien conocía y que ahora, a su lado, cobraban una luz diferente, era como si cambiaran, si tuvieran otro aroma. Durante el paseo, atisbé un poco su personalidad. Se veía que era una chica franca, directa, que contestaba a todo lo que se la requería pero que no preguntaba mucho acerca de mí persona. Hablamos de cosas más o menos banales, como es menester en la primera cita, y todo discurrió con normalidad. Después de unas dos horas caminando, volví a insistirla en ir a tomar algo, pero ella volvió a negarse explicándome que no le gustaban demasiado los bares, aspecto que me gustó, porque con mis respetos para los amantes de las tabernas, prefiero estar en otros sitios. Así que me propuso ir a su casa, descubriendo de esta forma, que pese a su corta  edad, ella vivía solo en un pequeño piso.

Subí a su casa, la verdad que una vez dentro no pude evitar ponerme algo nervioso. Nos conocíamos hacía unas horas y ya me encontraba en su hogar, de alguna forma estaba invadiendo su intimidad, y llegue a temer que ella estuviera incomoda por algún motivo, aunque yo trataba de mostrarme lo más agradable posible al objeto de no hacerla sentir mal.

Mi nerviosismo era notable. Empecé a hablar demasiado, apenas la dejaba meter baza en la conversación, y lo peor de todo es que yo era consciente de ello pero no podía hacer mucho por evitarlo. Era una conversación algo intrusiva por mi parte, defecto que se me acrecienta con personas con no demasiada conversación, como era su caso. Nos encontrábamos sentados en el sofá. Un sofá que ahora me trae demasiados recuerdos. Así, sin pensarlo más la besé, y ella me respondió “favorablemente”. Puede parecer algo quizá estúpido pero su aliento me pareció muy agradable, con lo cual aquellos besos fueron altamente placenteros. Sus labios carnosos ofrecían un contacto muy sensual y rápidamente encendieron mi libido.

El ascenso en el placer fue rápido, ella se desenvolvía muy bien, yo algo más torpe. Estaba claro que por aquel entonces, ella me ganaba en experiencia en esos terrenos, pese a que yo le sacaba 6 años. Y digamos que no fue el típico contacto rápido y monótono a que me tenía acostumbrado mi anterior novia. Era contundente, conocía bien los centros de placer del hombre y pese a hacerlo con un total desconocido, se mostró muy, muy cálida. Y lo mejor de todo fue el final sin duda, uno de esos finales que no se olvidan fácilmente.

¿Qué pasó por mi cabeza? Que aquella chica era una bomba. ¿Sería mi novia? En aquel momento si soy sincero creí que no. Como amiga especial desde luego no tenía precio, y aquella noche volví a casa a dormir con una sensación altamente agradable, pese al cansancio de un día largo, que comenzó en Extremadura y finalizó en un pequeño pueblo perdido de Castilla, con una chica que desde un primer momento me mostró que era especial.

Digamos que su rapidez en el contacto personal movió un poco mi idea sobre lo que debe ocurrir en las primeras citas, pero al fin y al cabo fui yo quien se lanzó y la besó. Si me hubiera estado quieto, quizá habría vuelto a mi casa con otra idea. Ya sabemos que dos no se pelean si uno no quiere. En el pasado, se esperaba de la mujer que fuera “guardiana” de las buenas formas y de la virtud. Hoy día, en una evolución de los sexos, puede esperarse que los dos lo sean o ninguno, como ocurre en la actualidad. Pero este punto no es ahora relevante, y si lo traje a colación fue porque en su momento si que llegué a pensar sobre ello. En aquel  día necesitaba besarla y esa es la única verdad.

Pero lo mejor y lo peor estaba por llegar.

Continuará….


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miércoles, 20 de febrero de 2013

PRÓLOGO


Dudo. A veces uno teme remover los sentimientos, y poco a poco trata de enterrarlos bajo dos metros de tierra o sacarlos fuera a ver si el viento se los lleva a lugares lejanos donde no podamos verlos.

El motivo de este escrito es incierto. No sé de donde parto, ni adónde voy. Tampoco me importa quien pueda leerlo o las conclusiones que se saquen del mismo. Quizá lo que narre no sea ni si quiera verdad, o tan sólo una aproximación a la misma.

Al escribir sobre sentimientos, se produce un efecto de “congelación”, por el  que se asegura que cuando volvamos a leerlos, estos serán siendo los mismos sobre el papel, aunque nosotros no queramos o no podamos reconocerlos ya en nuestra cabeza. Muchas veces al releer ciertos escritos, he llegado a sentir una especie de vergüenza o incluso extrañeza por cosas que yo mismo había escrito poco tiempo atrás.

La línea que separa las obsesiones de las pasiones o de los amores es a veces muy sutil. Los mecanismos de nuestro cerebro, de nuestro corazón y de nuestra alma (para aquellos que crean en ella) son directamente desconocidos.

Partimos de la base que enamorarse es un acto de pura irracionalidad, incluso para las mentes más racionales y pausadas. Siempre creí poder controlar el ritmo de mis pies, la dirección de mis pasos, pero la realidad ha sido otra distinta.

Miles de tópicos sobre el amor y el desamor se agolpan en la cabeza. Todo el mundo, en mayor o menor medida lo ha sufrido alguna vez y por eso es un tema sobre el que todos pueden opinar. Así, oyes con frecuencia frases como “esa mujer no te interesa”, “ella nunca te quiso de verdad”, “es una persona egoísta que sólo busca su interés”, etc. Da igual si estas frases son ciertas o no.

Para mí, los fantasmas peores no son esos. La peor sensación que me queda es la de no haber podido cambiar una realidad. Es evidente que ella no era una persona con estabilidad emocional, que me mostró una cara difícil de mirar y que sobre todo, no quiso cambiar ni un ápice su “modus vivendi”. No quiso o no pudo o lo que es peor, no tuvo estímulo suficiente para hacerlo. Así, uno a veces se recrimina ciertas cosas, y le queda la terrible sensación de tiempo perdido que es una falsa sensación, ya que nunca el tiempo es perdido, como dice la canción.

Dejar de amar no es posible. Si se ha amado de verdad el sentimiento sólo se entierra. Se puede olvidar, quizá. Ella lo hará antes, yo lo haré después.
Me niego a creer que haya personas que sean como vórtices, como agujeros negros que absorben todo lo que se encuentra a su alrededor, que contagian su “locura” a los que le rodean, pero sí creo que el maltratado, se vuelve maltratador. El cazador es cazado, la oveja se come al lobo.

Con estas premisas tratare de contar una historia, y quiero dejar claro de nuevo que no lo hago por despecho, ni por odio, ni por oscuros motivos. Mi sentimientos hacia ella son positivos pese a todo, yo la conozco bien, al igual que ella a mí, quizá solo sean fruto de un delirio pero yo he sentido una conexión especial, y aunque no pueda verla más, se algo que nadie sabe.

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martes, 12 de febrero de 2013

San Valentín


Se acerca San Valentín En estos días, miles de rosas serán cortadas, cientos de perfumes regalados, y se visualizaran películas lacrimógenas en donde al final” la bella” se acaba enamorando de “la bestia” (apelativo cariñoso que usaban mis novias para referirse a mi persona antes de convertirme en un gatito u osito).


En la imagen del amor que nos han inculcado desde pequeños, nos vemos necesitados de ese refuerzo, de esa palmadita en la espalda que nos haga sentirnos “queredores o queridos”. Es por ello que nos aferramos a anillos, que nos cercenen los dedos con un metal infinitamente más duradero que el propio amor, viajes a casitas rurales, cuya ubicación será odiosa una vez rota la pareja, evitando pasar si quiera por la provincia en la que se encuentra aquel nidito, ositos de peluche blanditos como los corazones de aquellos que desconocen el amor verdadero y demás mercadotecnia necesaria para el mantenimiento de estos amores de juguete.


Lo bueno de tener una red debajo, hace que podamos pasear por sitios por los que otros sentirían pánico, y nos permite visitar lugares y grutas escondidas en lo alto, mientras los demás miran con impotencia desde abajo (teniendo la tentación de escupirlos desde arriba). El estudio, la lectura interesante, la reflexión y meditación personal, la ausencia de miedos, la generosidad desinteresada (un punto también de locura y/o excentricidad) sumada al paso de los años nos conduce a sentir un amor pleno, inteligente y brutal (recuerda mi condición de oso). Y quiero aclarar que el mero paso de los años no conduce a esta madurez emocional. La mayoría de los humanoides son como la fruta cortada verde: Se pudre sin madurar. Conocemos a miles de ancianos y pre púberes de 40 años, que evidencian claros signos de descomposición (y sin necesidad de husmear en sus heces).


Una vez llegado a este estado, lo que tú piensas de mi está totalmente equivocado (siento decírtelo, espero poder seguir conservando tu amistad, querido lector). Te ofrezco mi ayuda sin esperar nada a cambio, porque no necesito que me bailes el agua ni me comas la…oreja. Te escucho sin juzgarte, me da igual que hayas matado a tu canario o apadrines niños del Congo, conozco todas las debilidades de la carne.


Me da igual el dinero, el tuyo, el mio, el de Su Santidad. Tengo el suficiente para vivir. No necesito tener el ordenador de la NASA (pa escribir en Word con "reshulona" apariencia) ni conducir un Ferrari. Que sea una persona profunda, no impide que sea feliz con una coca cola y un bocadillo.


Si eres mujer y esta muy buena o muy mala me da exactamente igual. No tengo necesidades físicas que me puedas satisfacer. No es que sea un fucker, dios me libre del pecado mortal, pero digamos, siendo elegantes, que no tengo problemas con las mujeres.


Si me faltas al respeto o me intentas hacer daño, pues me lo harás (los ositos tenemos la panza blanda). Pero no conseguirás que te odie, la vida es muy corta para que perdamos los dos el tiempo en estos menesteres. Te repito que no te tengo manía, ni me siento superior ni inferior a ti, me da igual que seas mecánico o me digas que eres G.E.O.


Voy al gimnasio cuando me apetece. Puedo un día levantar 150 kilos y otro día no poder levantarme ni de la cama. El deporte lo hago por diversión, por motivos personales de esfuerzo y concentración que quizá tu no logres entender si visualizas el programa de Mujeres y Hombres y viceversa y/o el último libro que leíste fue el de Teo. Mi cuerpo me gusta así, natural, sin meterme drogainas, ni chupar p..roteinas con desesperación para muscular mi peludo glúteo de oso. Que tengo algo de grasa Sí, que voy al Mac Donald Sí, que me como un kilo de palomitas antes de que te sientes en la butaca del cine SIII (hay testigos de la hazaña). Y si una semana no voy al gym no me meteré a asesinar periquitos en una pajarería, tranquilos.


El humor es mi válvula de escape. Si fuiste capaz de aprender a sumar entenderás que es muy positivo reírse de uno mismo. No lo hago con idea de destruir tu Karma, ni que no me tome las cosas en serio en la vida. Es simplemente que los humanos somos seres complejos (bineuronales en el caso de los hombres) y nos reímos al igual que lloramos.


No me importa abrirte mi corazón, repito que me fio de ti, en el pasado pude ser más reservado pero ahora no es necesario. No me siento incomodo desnudo (y no me refiero a quitarme la camiseta, joder!). Pero tampoco voy a ir por la vida llorando por las esquinas (que se arruga mucho el cutis). Cuando la vida me joda, lloraré, pero no me hundiré ni me recrearé en la mierda. Al final siempre amanece, y hay que aprender a sufrir y a progresar personalmente a través del dolor.


Y si, siento una predilección especial por la inteligencia en eso no te puedo mentir. Si eres hombre, estaré encantado de escucharte y si eres mujer es posible que me enamore de ti. Maravilla de la naturaleza aunar belleza con inteligencia, así que ya sabes amigo, si tienes una novia así, cuídala, y no me refiero sólo, a que la compres bombones de chocolate (ummm chocolateeee) en San Valentín.


Muchas veces he ganado en la vida, podría contar miles de episodios de éxitos, pero también he fracasado muchas otras y he aprendido la lección. Logrando un equilibrio, he aprendido a soportar la frustración sin cortarme las venas ni saltar al vacío por la ventana de un bajo. No obstante seguiré pasando mis crisis y agradeceré tu compañía y cariño en esos momentos tan malos.


Respeto que acudas al psicólogo, (sobre todo si es conductivista) cada uno tiene unas necesidades. Con el tiempo comprobaras que la solución la tenemos dentro todos nosotros y que no existe ningún camino establecido para lograr la paz interior. Sólo dos advertencia te hago, una es que estos profesionales cobran por esto (¿y cuando vuelvo doctor? cuando tengas otros 200 euros, manué!) y que a base de darnos la razón y de subsumir nuestros comportamientos “desordenados” en modelos teóricos que explican todo, puede que perdamos toda capacidad de autocrítica (síndrome de falta de hostia con mano abierta, en el argot brutal de la calle). Pido perdón a todos los psicólogos (incluidos los budistas) por mi ignorante comentario.

Y con todo esto me despidó hasta la próxima, agradeciendo vuestra atención.
Si, en el texto pensaba hablar del amor, y de “Clara” pero me ha prohibido hablar de ella jijijij!

El mundo es vuestro.


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lunes, 28 de enero de 2013

Sábado noche



La alfombra roja guiaba hacia la entrada de aquella sala. Era la primera vez que acudía a aquella discoteca, de la que había oído hablar muchas veces. El reloj marcaba cerca de las 4 de la mañana, cuando tras superar una cola de gente impaciente por entrar, nos introdujimos en el interior. Se notaba que era un sitio elegante. Todos los porteros y personal de asistencia vestían trajes con discretas corbatas, que conseguían disimular aquellos colosales cuerpos trabajados en el gimnasio. Su rictus, serio, proporcionaba una imagen de profesionalidad.



Tras el obligado paso por el ropero, donde descansaban aquellos abrigos abandonados precipitadamente por sus dueños, pasamos a la sala principal. Nada más entrar, la potencia de la música comenzó a alterar nuestra percepción. Caminamos unos cuantos metros, avanzando entre los asistentes, algunos de los cuales nos miraban curiosos, mientras nosotros, algo aturdidos, tratábamos de alcanzar la barra como punto desde el que empezar a tomar referencias.


Una vez alcanzada, comencé a analizar el interior. La música de aquel sitio era agradable, con ritmos muy bailables, muchos de ellos, versiones conocidas que habían sufrido su correspondiente puesta al día con el obligado “remix”. El sistema de luces, era intenso con miles de LED, que barrían todo el espacio de baile, en un intenso ir y venir de colores dispuestos en forma de haz. Por un momento, me centré en pedir la copa que regalaban con la entrada. Los 15 euros incluían una consumición, cantidad, que dado el nivel de la sala, no se me antojaba demasiado caro. Como siempre fui fiel a mi Ballantines, si bien indique a la camarera que me lo pusiera flojito con un leve movimiento de la mano. Ella me sonrió dejando al aire una sensual boca, sin que yo pudiera responder más que con otra tímida sonrisa, en aquel ambiente “arrasado” por los decibelios.


Una vez con aquel elixir en la mano, y tras el pertinente sorbo para poder vaciar el botellín del refresco de cola, continúe observando. Estratégicamente colocados, se situaban los gogos, que bailaban con un movimiento sensual. En concreto había tres chicas. La primera de rasgos latinos, se contoneaba cerca de la barra con un movimiento repetitivo en el que con frecuencia dejaba que su trasero fuera el centro de atención de los asistentes. Su ropa consistía en un sujetador y una braguita algo disimulado por un minivestido de rejilla. No obstante el gesto duro de su cara le quitaba bastante interés para mí.


Otra de las gogos era una rubia de rasgos caucásicos. Su baile era más variado, alternaba el movimiento de los brazos y las piernas con ritmo rápido. Su pecho era pequeño, muy prieto por el top que vestía, si bien un chaleco de piel cubría algo su cuerpo las piernas estaban totalmente desnudas, unas piernas interminables ayudadas por unos tacones imposibles.


La tercera chica fue la que más me gustó. Era una chica alta, de pelo largo y rizado, con preciosos tirabuzones que dulcificaban aún más una cara de muñeca. Su maquillaje era sencillo, con una ligera sombra de ojos azulada, un tenue toque de colorete, pero unos labios pintados de un rojo intenso, que si bien, no me suelen parecer bonitos, a ella le quedaban realmente bien. Era un look muy ochentero. Me recordaba alguna actriz cuyo nombre ha sido ya olvidado. Su expresión, si bien mostraba cierta luz que proporciona ser el centro de atención de la masa y el sentirse bella y deseada, conservaba cierta inocencia, de niña tímida que la hacía aún más atractiva. Vestía un cuero negro, que tapaba sus pequeños pechos, fruto de un cuerpo muy dado al ejercicio. Por el contrario, su culo era realmente llamativo. Sus proporciones eran, quizá un poco exageradas para ese cuerpo, pero su redondez, y su rápido movimiento lo convertían en un elemento de deseo incluso para los lívidos más mortecinos. Ella se retorcía sobre el escenario, haciendo unos descensos de cintura en la que dejaba que su pubis se abriera y cerrara, en un movimiento, que en aquella chica, no parecía obsceno ni vulgar. Y siempre con una sonrisa en aquella ardorosa boca. 


Comencé a bailar, acompasando con el ritmo de la música, el movimiento de piernas y manos. Al principio me sentí un poco torpe, como frío, pero centré la atención en la gogó y rápidamente, sin casi quererlo, acompasé mis movimientos a los suyos. Sin darme apenas cuenta, la gente comenzó a marcharse, y el local poco a poco fue vaciándose. Desde una de las esquinas en las que me situaba, fui avanzando hasta colocarme en línea recta a la plataforma en la estaba subida, dentro de su campo de visión. Ella me miró, pero no alteró su baile. Yo cada vez me encontraba más cerca de la tarima, bailando cada vez más agitado. Estaba tan cerca que notaba su aroma, un olor suave, como a sándalo. Nubes de su esencia llegaban a mi nariz a cada movimiento de aquel lujurioso pelo. No sé si fruto de la enajenación mental transitoria o del wisky, tuve la idea de subirme con ella, pero la descarté rápidamente , ya que los gorilas de seguridad me habrían bajado de inmediato, arruinando aquel momento mágico. 


No creo que ella notara mi presencia, porque continuaba agitándose al ritmo de los “beats” sin que gotas de sudor apareciesen en esa piel perfecta y satinada, imbuida en el ritmo de la noche. De repente, tropezó sutilmente y en un acto de maestría, cayó al suelo, ligera como una pluma, disimulando el traspié y ejecutando un movimiento de apertura de piernas en el suelo. Y estando ahí, separados por escasos 30 cm, alargó su fino brazo y acaricio suavemente mi cara, incorporándose rápidamente. En ese instante perdí, totalmente el ritmo y tuve que parar bruscamente, momento en que casualmente, el Dj. terminó la sesión dejando a la sala sumida en un inesperado silencio. Ella se detuvo también y bajando la mirada, en un contacto visual que duró un infinito, me lanzó un beso que me llego al alma y me hizo olvidar...




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