viernes, 9 de agosto de 2013

Tres pequeñas historias de muerte (I)

Volviendo a escribir unas breves líneas de tosca prosa, he pensado relatar tres pequeñas historias las cuales quizá no tengan nada en común.

La primera de ellas habla de la vida de Karen Launcame o Karen Bach. Imagino que a la mayoría de los lectores este nombre no le diga nada. Realmente no es un personaje famoso, forma parte de ese mundo sórdido de las películas para adultos, ese mundo de bajas pasiones y deseos ocultos.

Karen nació en el seno de una familia de clase alta en la bella localidad francesa de Lyon. Su padre era francés y su madre marroquí, lo que dio como resultado una belleza especial mezcla de refinamiento francés y misterio árabe. La juventud fue como la de cualquier niña, con su colegio, sus rodillas llenas de heridas de rodar por el suelo y sus primeros sueños en el aire. Quizá se enamoró de aquel niño que en un recreo le robó un beso furtivo.

Karen no podía imaginar cual sería su futuro. Ser abogado, médico o incluso juez, rondaba por su cabeza, pero otras veces, cuando los estudios se volvían más cuesta arriba, pensaba en abandonarlo todo y vivir una vida más intensa y rápida, alejada del tedio y del sacrificio que supone estudiar una carrera, y más a edades en las que la sangre se encuentra en plena ebullición y la cabeza se pierde en las nebulosas de la inmadurez.

Y de este modo pasaron los años, superando la rutina sin grandes contratiempos, más allá de los quehaceres diarios que mataban su tedio. Así, llego ese momento, en que se transita a la vida adulta y se abandona para siempre la inocencia de la juventud. Tenía 17 años cuando algo en su interior se rasgó y anunció que su mundo ya era otro distinto.

Pocos años más tarde, en pleno auge de la música electrónica que se produjo al inicio de la década de los 90, en una de las aquellas discotecas, Karen conoció a la que posteriormente seria su marido, un Dj. que se ganaba un dinero extra pinchando en aquellas glamourosas salas. Se trató de un flechazo, ambos eran jóvenes y bellos, tenía todo el mundo por delante.

En aquellas conversaciones tan interesantes que suelen ocurrir en la cama, tras los momentos de unión amorosa, ella le confesó que le encantaría casarse y ante todo, formar una familia con muchos hijos, porque los niños le volvían loca. Era una anhelo que llevaba dentro desde hacía mucho tiempo atrás, y ahora, con la seguridad que otorga tener una pareja, parecía que podía conseguir.

Al poco tiempo de la boda, la pareja comenzó a sufrir problemas económicos. Su marido, que se movía mucho en el mundo de la noche, la propuso ganarse un dinero extra, rodando una película X. Al principio, a Karen le pareció una idea descabellada, pero poco a poco la idea de mejorar su economía le animo a dar el paso.

Así comenzó a rodar.  Y su situación económica mejoró, pero el destino movió los resortes del amor, y aquella pareja puso fin a su camino en común.

No obstante, ella continuó participando en este tipo de películas. Poco a poco fue labrándose un nombre, llegando a rodar con los mejores directores europeos, con producciones de cierto calado para este tipo de cine, participando al final de su carrera en películas de productores de América, la meca del cine de la carne.

Su imagen ante la cámara siempre destilaba un halo de tristeza. Participó en todo tipo de escenas, con prácticas de sexo oral, anal, dobles penetraciones y orgías. Su belleza racial, una estilizada figura, le hacía muy apreciada por los amantes del género que buscaban una mujer alejada de los típicos "plásticos" del las producciones americanas las cuales presentan escenas más "masivas" ya sea por el perfil de las actrices, argumentos más simplones, ausencia de decorados, y un sexo más irreal, si cabe, frente al cine europeo que era algo más complejo, buscando el morbo más en las situaciones que en el propio acto en sí.

Pese a su "experiencia" a Karen nunca le gustó este mundo. Sufría ante determinadas escenas, sobre todos las que implicaban sexo anal, y en alguna ocasión se lamentó del trato que recibía tras rodar alguna escena, donde empapada de todo tipo de fluidos, ni siquiera recibía una toalla para secarse, "una vez acabada la escena, no eres nadie"-comentó en una entrevista. En alguna de sus producciones puede verse que efectivamente distaba mucho de disfrutar ante determinados tipos de escenas, y si bien normalmente los consumidores de este tipo de cine suelen reparar poco en el "alma" de las actrices, para aquellos seguidores y entendidos de este "arte" el cierto disgusto con que realizaba ciertas prácticas, le convertía en una actriz con un alto grado de morbo.

El destino pareció darle una oportunidad de la mano del polémico film "Viólame", una road movie, que se presentó en festival de Cannes, un alegato feminista lleno de sexo explicito y sangre nunca visto en una cinta "convencional", y que removería los estómagos más sensibles ( a mi me lo removió). Abandonando su nombre de guerra, Karen Bach intentó a partir de este momento de hacerse un hueco en el cine convencional, dejando a un lado el cine X.

Y cuando todo parecía cambiar, el 28 de enero del año 2005, nuestra heroína apareció muerta en el apartamento de su novio en París, tras consumir una dosis letal de temazepam, sin que nadie pudiera sospechar este trágico final.

Ese día, los telediarios comentaron las aburridas noticias de siempre, y ninguno se hizo eco de su muerte, que pasó desapercibida como la mayoría de los humanos. 

Su alma atormentada, encontró la liberación abandonado un mundo que no llego a entender del todo. Todavía sus películas siguen rodando por internet, y muchos hombres encuentran liberación visionando sus escenas sin saber si quiera el intenso mundo que había detrás de esta bella mujer y que no se por qué motivo estoy contando ahora, intentando quizá luchar contra el anonimato del tiempo.

19 de enero de 1973- 28 de enero de 2005 R.I.P.



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