viernes, 17 de diciembre de 2010

TITANES

¿Estás un poco obsesionado no crees?

Comentarios de estos se escuchan desde personas que no entienden cual el verdadero sentido de la superación.

La vida es lucha constante porque el medio es hostil y por mucho que hoy día las sociedades tienden a ser más comprensivas con el débil, todavía
vivimos en una jungla en la que el pez pequeño es devorado por el pez grande sin que nadie lo remedie.

Los humanos sentimos el espíritu de la competitividad prácticamente desde que nacemos, desde que en colegio comparamos nuestras cajitas de lapiceros para ver quien es el que tiene más colores. Y así vamos creciendo y madurando pero ese afán por luchar y competir con los demás lo llevamos grabado a fuego y lo iremos demostrando en todas las facetas de nuestra vida como puede ser elegir a la chica más guapa de clase, estudiar la mejor carrera, tener el mejor trabajo, el mejor coche, los hijos más aplicados...No obstante la sociedad impregnada de una apestosa hipocresía comulga con esta religión pero considera pecaminosa estas conductas y las encubre con todo tipo de disfraces. Poca gente reconoce cual es el verdadero motor de muchos de sus actos.

No obstante llega un momento en la vida en la que los demás, tan importantes en una etapa anterior, en la que uno necesita ser aceptado por la manada, dejan de importar y uno se da cuenta de que su verdadera lucha es contra si mismo. Y es ahí en esa lucha en la que el individuo adopta una postura determinada, pero limitada a dos opciones: luchar o rendirse. Luchar contra la pereza, contra la apatía, contra el embrutecimiento, contra la estulticia, contra el sistema establecido y bajando a un plano más material contra la propia degeneración corporal.

Algunos centran su lucha en mejorar como persona, en estudiar, en ampliar sus miras, en llegar a conocer la verdad del mundo que le rodea. Otros combinan esto con un sacrificio corporal que a su vez revierte en una mejora mental. Al vencer nuestras propias limitaciones y tentaciones, estamos yendo un paso más allá.

El esfuerzo, tan olvidado por la pedagogía moderna que ha hecho creer a algún desgraciado que se puede conseguir algo en la vida sin esforzarse, es la piedra angular de todo. Proliferan los métodos "sin esfuerzo": aprenda arameo sin esfuerzo, gane masa corporal sin esfuerzo, suicídese sin esfuerzo.

Pero al final, los que triunfan, y me refiero a los que triunfan de verdad, no al politicastro que no sabe hacer la o con un canuto, o a la iletrada que a falta de la más minima dignidad pasea su nariz comida por la cocaína por los platós de la tele basura, han sido aquellas personas que a base de esfuerzo y pasión por lo que hacían han alcanzado un grado más elevado que el que puede tener el normal de los mortales.

El deporte de los hierros, supone una superación continua. Algo en lo que el esfuerzo se ve recompensado con un aumento de fuerza, volumen y concentración. El fisioculturismo exige un alto grado de poder físico y mental, sobre todo este último. La mente domina al cuerpo, al ejecutar una rutina los músculos se mueven con un movimiento armónico, con una postura adecuada para superar la tensión que supone vencer la carga de la mancuerna. No se trata de hacer 1000 repeticiones, ni de levantar 500 kilos en press, se trata de mover peso y hacerlo bien. Cada uno con sus posibilidades.
Y a la semana siguiente levantar un poquito más, notando así que realmente vamos mejorando que progresamos en las metas que nos hemos marcado.

La alimentación y el descanso son otros de los pilares de este deporte. No soy partidario de forzar los límites naturales del cuerpo a través de "sustancias" tan usuales en este mundo y que suponen "atajos" para llegar a la meta. El deporte es ante todo salud y no tendría sentido desarrollar una actividad deportiva que nos perjudicase. Con una alimentación cuidada se pueden lograr grandes mejoras sin necesidad de convertirse en un yonki del clembuterol ni en el tonto de los batidos de proteínas, que lo único que hacen es sobrecargar el hígado con productos de desecho.

Calentar, ponerse los guantes, y comenzar. Es importante estar concentrado, si uno tiene un mal día, mejor irse a casa y volver otro día. Y disfrutar del enorme magnetismo del deporte, de sacar nuestra faceta más animal (por el momento no somos máquinas), de retroceder a tiempos donde la guerra y la caza exigían estar en forma. Me diréis que es un anacronismo, sí quizá lo sea, pero quien sabe que encierra nuestro cerebro, que sangre de antepasados corren por nuestras venas...

Muchos dirán que es una obsesión dedicarle unas 6 horas a la semana a esto. ¿Cuantas horas a la semana pasas frente al televisor/consola/ordenador?

Desde que somos arrojados a la vida sabemos que la batalla la tenemos perdida de antemano, pero ¿vamos por ello a dejar de luchar? ¿No sabían los numantinos acasos cual era su fin?


Especial dedicación a la flor mas bonita de abril, la que me enseño a luchar a través de su ejemplo.

Nexo2-Epico11

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