miércoles, 5 de diciembre de 2012

Cenizas


Somos seres finitos. 

Si finitos, como una pequeña estrella que está condenada a apagarse, con una pérdida progresiva de energía e ilusión. Nuestra naturaleza biológica nos configura como seres llenos de limitaciones. No podemos volar autónomamente, ni atravesar el ancho mar, una irrisoria variación de grados en la temperatura ambiente provoca nuestro malestar, altera nuestros ritmos, incluso provoca nuestra muerte.

Así nuestra limitada mente, asume este rol, y nos hace este trance vital más liviano, y como si nos inyectara un narcótico, nos proporciona placer, añadiendo nuevas cadenas y lastres, a nuestra pequeña mochila.

En un sistema enemigo de la inteligencia, (pero Inteligencia con mayúscula) nos aborregan y nos dejamos aborregar. Nos niegan la luz, y no somos capaces ni siquiera de percibirla desde las alcantarillas en la que vivimos. Así vemos enemigos donde no los hay, balando como ovejas, y dejamos que nos nieguen el pan, entendido como alimento del alma.

Salgo a la calle y el aire es irrespirable. Sólo veo gris, nieva ceniza en la ciudad desierta.

¿Para que os movéis si no vais a ninguna parte? No podéis avanzar porque ni pisáis el suelo ni percibís el cielo. Así dais vueltas en la rueda del hámster, configurada como una rutina semanal programada como las actividades diarias de un penal.

¿Para qué vais acompañados si estáis solos? Esa mano que das es una unión tan débil que no durará más que lo que tarda en sudar y hacer desagradable el contacto, soltándola entre falsas lágrimas de una tristeza fingida.

¿Para qué reís si vuestra risa suena como el cacarear de una gallina? Si no sale del alma, la risa es sólo una mueca que arruga nuestra cara.

Así en esta dinámica en la que vivís, ofrecéis toda una suerte de rasgos que desprecian el propio regalo que es la vida. Os hacéis desconfiados hacia los demás, juzgáis sin saber. Hacer de juez desde una naturaleza imperfecta como la nuestra, es, en todo caso, un sinsentido, pero además, hacerlo desde la perspectiva de aquel que vive en el subsuelo es aberrante. De este modo, el tonto pasa por listo, el vago por inteligente, el inmaduro por sensible, el inconstante por estresado y viceversa, el sabio es tachado de prepotente, el inteligente es tratado como un inadaptado, el que es capaz de mantener una conversación profunda por pedante, y demás juicios vomitados desde un estomago en el que se mezclan a partes iguales ignorancia y envidia.

Los conceptos puros de amor, libertad, amistad, alegría, nunca estuvieron más lejos.

Aquellos que dinamitan los muros y cortan las cadenas, sobrevuelan los límites culturales con el que nos adoctrinaron. Esto es peligroso, sólo los valientes, los decididos, o los temerarios, dan alguna vez este paso. Desde esta altura el vértigo es constante. Pero una vez superados los primeros mareos, la sensación es increíble.

Eres capaz de conectar con las almas, ellas te hablan directamente, el amor no se limita al amor de alcantarilla del que “disfrutan” muchos, en los que sólo hay interés económico, emocional, vital, o peor aún, una rutina alienante. Amas en el sentido amplio, y eso es maravilloso. Es un amor omnicomprensivo. Esto no quiere decir que nos hagamos unos libidinosos, ni que nos comportemos compulsivamente. Sentimos el amor pleno, y nuestra alma se inflama como el queroseno. Amor inteligente, amor de muchos quilates, aderezada por una pasión en la que nos calamos hasta los huesos.

En este estado no tienes prejuicios de ninguna clase, porque los factores que manejamos son producto de la inteligencia. Los otros, pues otros son. Nos movemos en realidades paralelas, no nos mezclamos.

Y la alegría aparece sin forzarla, no la impostamos, no la atraemos con regalos, somos felices sin querer.

Los de la “caverna” de nuevo nos tacharan de soñadores, idealistas, frikis o en el mejor de los casos, de locos. No nos entenderán al igual que no son capaces de entender como el universo se expande día a día. No todo el mundo es tan valiente, su materialismo les ha destruido y lo peor de todo, es que no lo saben. De nuevo desperdician el regalo de la vida, al igual que el estomago lleno de comida basura, desprecia la mayor de las delicias culinarias.

Y desde esta altura,  la vida en color ofrece paisajes de postal, olores de París, sensaciones intensas, calores del alma, disfrute pleno de los sentidos…

Pero tranquilos niños, la tapa de la alcantarilla no queda sellada, y siempre estará encantada de recibirnos de nuevo, si algún día los mareos nos hacen insoportable la existencia.

El Nexo Épico 11 World Wide Corporation. Todos los derechos reservados



No hay comentarios: