viernes, 3 de junio de 2011

Espantapájaros

Regreso a casa cansado y con hambre. Esta vez viajo en la parte de atrás de un coche lo que me permite disfrutar del paisaje y distraerme plácidamente. Vastas llanuras de vegas regadas con agua del Guadiana y afluentes como el Zújar, se extienden en el horizonte. El día luminoso presenta un bello contraste de colores en donde el verde, gracias al milagro del agua, predomina con exuberancia. Milagro humano, llevar el agua donde antes solo polvo y sol existía. Potentes y modernas máquinas agrícolas guiadas por GPS se afanan en arrancar a la tierra sus valiosos frutos. Entre tanto despliegue tecnológico, me sorprende ver clavado en la tierra a un rudimentario espantapájaros.

Testigo solitario, vigía de la nada, estandarte de otros tiempos, resistes impertérrito a las inclemencias del tiempo, tratando inútilmente de espantar a unas aves en las que no infundes ya ningún temor. Pobre espantapájaros, clavado en el suelo cuan encina centenaria, ¿como pretenden que hagas bien tu trabajo si no puedes moverte? ¿Cómo vas a hacer frente a los seres más libres que existen, las aves, encadenado al polvoriento y sucio suelo?
No obstante tu corazón de paja es afanoso, y ayudado por el cálido viento del sur agitas tus brazos mutilados, en un afán de simular una vida que no posees.
Mírate, sólo eres una amalgama de palos y viejos ropajes. Y de esta guisa, cuan sufrido soldado desarmado te enfrentas a tu tarea a diario. Los días te regalan sol y calor que estropearan tu piel sin que puedas remediarlo y la noche te infunde miedo, al hacerse más latente tu absoluta soledad y desprotección. Sólo las noches claras puedes soñar, animado por ese resplandor frio y sereno de la luna, con otra realidad en la que eres libre de tus cadenas terrenas y surcas el cielo empujado por el viento.

Ohh! Volar debe ser maravilloso- piensa y una sonrisa se dibuja en sus inanimado rostro mientras una altiva garza picotea los granos a su antojo, ignorando por completo a su pacífico guardián.

-Para el coche Leopoldo, por favor- le comento a mi compañero de viaje.-Necesito estirar un poco las piernas- le miento. Acto seguido camino unos pasos hasta llegar a su altura. Asustado por la falta de costumbre de compañía, el espantapájaros me mira con miedo, consciente de su debilidad pero rápidamente al observarme, comprueba que los dos tenemos mucho en común y sus temores desaparecen.

Solitario, desprotegido, aburrido por el insoportable tedio de los días, soñador encadenado a la fuerza a una realidad que no comprende ni de la que participa, realizando una tarea monótona y alienante, me muestra, sin embargo, una sonrisa que no llego a comprender. La paz parece que se ha instalado en él.

Movido por una estúpida curiosidad, trato de abrir su vieja chaqueta de lana para ver que esconde en su interior, pero una violenta ráfaga de aire,ese que a diario le acariciaba el rostro, esparce los miles de trocitos de paja que formaban su estructura, desvaneciéndolo como una nube tras la tormenta…

Recojo del suelo su agujereado sombrero de paja y regreso al coche pensando que el viento traslada ya a nuestro querido espantapájaros a lugares en los que seguro será más feliz.




The Nexo11 Worlwide Corporation

2 comentarios:

Arkarian_87 dijo...

Qué triste relato.. deja sensación de vacío.. Me ha gustado mucho la manera en que has descrito los sentimientos del espantapájaros después de identificarte con él, porque por analogía era lo que sentías tú.. (o al menos tu "yo poético"). Muy bueno, sigue así

Arkarian_87 dijo...

También me ha gustado mucho la imagen de la desintegración del espantapáros con el aire... una imagen muy potente sobre la muerte y que todo acaba en nada.. me viene a la mente una escena funeraria, aquella frase de "polvo al polvo"..