Aviso:
1) El siguiente texto narra un hecho de ficción, tanto en lo que se refiere a los personales, situaciones, ubicaciones o cualquier otro aspecto en él contenido.
2) El autor en su libertad creativa, no se responsabiliza de los efectos que él mismo pueda tener en los hipotéticos lectores.
3) El texto fue escrito en una hora y quince minutos, de ahí que puedan aparecer errores ortográficos o gramaticales, pero la naturaleza del texto requería una rápida escritura.
PAX VOBISCUM
Una vibración en la mesita sobre la que reposaba aquel artilugio inteligente, la sacó de su adormecimiento. Su rostro, que mostraba claros signos de cansancio debido a su trabajo nocturno, se iluminó. A través de la pantalla se iniciaba una conversación con aquel nuevo viejo amigo, con la emoción incipiente del que inicia un viaje desde hace tiempo esperado.
Hacía mucho tiempo que conocía a Pablo. Su mala memoria le impedía recordar exactamente en qué año de instituto fueron compañeros de clase. Una ligera mueca moduló sus sensuales labios, al recordar aquellos tiempos grises de reclusión en esa cárcel, en la que supuestamente la enviaron a que aprendiera. En aquel momento, ella era una chica desgarbada, casi siempre ausente, sólo conversaba con una o dos chicas de su clase, las menos tontas en su opinión. Para ella, aquellos chavales, infectados de granos, solo eran personajes hormonados de una realidad agobiante. Pablo no era así, aunque en aquel tiempo su contacto se reducía al poco espacio que dejaban las agotadoras clases del viejo instituto y, a decir verdad, tampoco era capaz de recordar si en aquel momento albergaba ya algún sentimiento hacía él.
Pero por el caprichoso destino, y gracias siempre a la ayuda de las tecnologías de la comunicación ellos pudieron conservar su pequeña amistad.
El día era soleado, los rayos del un sol asustado ya por la presencia de su verdugo otoñal, acariciaban su inmaculada piel, agradeciendo recibir un calor que su corazón había dejado de percibir desde no sabía cuándo. Puntual, Pablo llegó paseando hasta su casa. En su interior, pese a los recientes acontecimientos de una poco apacible relación de pareja, albergaba una nueva ilusión, propiciada por el nuevo contacto con Clara. Sus sentimientos no eran quizá claros, era obvio que seguía sintiendo algo por su pareja, pero la rutina, la falta de una intimidad necesaria, y un carácter de tendencia triste y compulsiva, había puesto la soga a un preso agonizante ya, desde quien sabe cuándo.
Por su parte Clara, trataba de buscar lo que su mente quebradiza, le demandaba. Su estado actual, su agobio vital, y una pareja de la que hacía tiempo creía no recibir lo que ella necesitaba, la empujaron a dar aquel paso. No obstante, en el fondo de su joven ser, un sentimiento profundo se colaba entre las rendijas de su deseo, y como el verdugo que ejecuta a un siniestro asesino por orden de un superior, un pequeño punto negro manchaba aquella nueva singladura.
Pablo subió hasta su pequeño apartamento. Un nido que ella había acomodado a su gusto y que había adecentado en previsión del encuentro. Tras un primer amigable contacto, Clara se sentó en el blanco sofá. De nuevo un nuevo pensamiento asaltó su mente. Aquel sofá nunca le gustó en exceso, además demasiados recuerdos manchaban aquel símil de piel blanca, en donde los pantalones se quedaban adheridas en los meses de más calor.
Pablo prefirió no sentarse. No eran nervios lo que le impedía una postura más cómoda, quizá deseaba esperar un poco antes de un acercamiento. Al igual que el agua de lluvia se filtra por las grietas de la roca granítica de aquel pueblo de la sierra, Pablo consciente o inconscientemente se coló entre las fisuras de una relación que parecía no avanzar. Y lo hizo muy bien, porque supo mostrar la cara que Clara necesitaba en ese momento. Su pareja le seguía gustando pero le sacaba de quicio. Pablo en cambio era distinto. Físicamente mostraba un cuerpo trabajado por horas de gimnasio. Para ella, aquello no era importante, pero una vez que pudo comprobar su marcado abdominal, sintió un súbito calor. Ella le consideraba un chico atractivo. Por su parte, su dialogo y su actitud, así como aficiones fue lo que más caló en aquella niña de veintitantos años. Mostraba una fragilidad sentimental que la atraía. Presentaba rasgos que ella también creía poseer, ambos creían moverse en un mundo hostil, un mundo de incomprensión, unas relaciones que no les satisfacían.
Clara se notaba a gusto, en aquel momento desconocía si había conseguido matar o, solamente aturdir, aquellos sentimientos ahora inapropiados de amor hacia su ex pareja. Pablo, en su mente analítica de informático, supo leer el momento, y sin gran esfuerzo por su parte, dejó que ella sacara a relucir lo que ocultó en otros momentos de su vida. Fruto de esa comodidad, la anfitriona de un salto se incorporó a su nuevo piano. Se trataba de otra máquina, lejos del encanto de aquellos antiguos pianos de cola fabricados en cálida madera. Se encontraba prácticamente nuevo. Montones de partituras se agolpaban sobre el mismo. Dejo que su mente volara e improvisó. Sus delicadas y la vez fuertes manos, de dedos largos y estilizados, marcaron unas notas que calentaron el aire de aquel pequeño salón. Su estilo musical no era malo. Lejos de un virtuosismo sólo alcanzable por décadas de dedicación, ejecuto aquella melodía. Pablo, desconocía aquella pieza, pero cada nota le acercaba más hacia aquel cuerpo de mujer.
De pronto, al pasar la hoja de la breve partitura, que se sujetaba con un improvisado atril, este cayó al suelo, interrumpiendo el sonido. Pablo, atento, se agacho y en ese instante mágico que se produce la primera vez que se besa, sus labios se juntaron. Clara sintió un ligero temblor quizá fruto de su tensión acumulada. Noto unos labios más finos que los de su anterior pareja, y un sabor distinto, pero también agradable. Pablo no besaba mal, y ella sintió placer. Lejos de interrumpirse, ambos continuaron con aquel intercambio, en donde las lenguas en un baile sin fin, trataban de buscar los rincones de unas sensaciones nuevas e intrigantes.
Al poco, al movimiento de las bocas se acompaño de unas caricias que recorrieron los cuerpos. Clara recorrió el torso del joven, disfrutando de aquel cuerpo con más horas de pesas que de necesaria lectura. El por su parte, en un primero momento acaricio su espalda, esperando abordar zonas más intimas. Pronto sus manos acariciaron sus pechos. Al principio fue un contacto fugaz, tímido, casi pasajero, temiendo quizá una reacción negativa por parte de su amada. Pero Clara, embargada por el arrebato que causa eso que creemos entender como amor, permitió que Pablo recorriera su cuerpo, un cuerpo que antaño su expareja recorría con una pasión desenfrenada.
Se notaba cierta falta de práctica en aquellos movimiento amatorios, Pablo, hacía tiempo, que se limitaba a unos pocos besos con su pareja. Pero Clara, agradeció aquella “torpeza” inicial y un comportamiento menos intrusivo en zonas a los que amantes con más necesidad, recurren rápidamente sin entender la compleja excitación femenina.
Mientras, en la calle, el sol huía ya hacia su retiro nocturno con prisa, como si temiera que la noche le cogiera en su carrera. El aire fuera estaba cargado de una tristeza difícilmente soportable.
Mientras, Clara seguía examinado el cuerpo de su amado. Su idea, si es que hay ideas en esos momentos, era no llegar más allá, máxime cuando él le había confesado, sin pudor alguno, su actual estado de falta de libido. No obstante y pese a lo que Pablo le contó, y que ella, con una pizca quizá de inocencia quiso creer, noto un firme abombamiento debajo de aquellos tejanos. Al tacto se percibía, un atributo generoso, pero, sin saber muy bien por qué motivo, prefirió esperar, y Pablo respondió, sincronizándose en los tempos amatorios.
Al fin, y puesto que el tiempo era escaso, porque para Clara su tiempo era siempre agobiante, ambos se sintieron colmados, y en un fin progresivo, sus bocas pidieron un descanso , cerrando aquel capitulo bebiendo agua en un vaso de esos que regalaban en aquellos establecimientos de comida rápida que su ex pareja le solía llevar para su disgusto.
Tras cerrar la puerta y organizar su rebelde pelo moreno, Clara, bajo una excusa que ya poco importa, cogió su teléfono y llamó.
Fuera, la tristeza que llevaba toda la tarde fraguándose, se coló por las rendijas de la ventana que ahora ventilaba una tarde de amor.
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4 comentarios:
Deja a esa guarra cojones ya, tio eres muy tonto..Es una puta niñata, una basura de persona, tu te mereces algo infinitamente mejor...Sabes que me debes algo...
Joer señor, parece mentira como estas, si me lo hubieran dicho no me lo habría creido...me hubiera gustado conocer a esa chica, animate tron y piensa que esa zorra pagara todo el daño que te ha hecho...
Chicos os ruego un poco de respeto hacia Clara, no quiero ver comentarios despectivos, porque ademas no son verdad. Se que lo haceis para animarme pero ella era una chica muy especial para mi y sufro si la insultais...
que decir ante tan impactante situación!!! me quede como como el manto que cubre los Alpes.Tu corazón de plumas no mecere embriagar semajantes escorpiones.Después de todo lo pasado,solo te queda seguir siendo fuerte,aprende de mí"esa pequeñaja amiga que quedastes en un punto del camino" La vida sigue.Ánimo nexo.
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