domingo, 3 de marzo de 2013

Noche

Tengo que hacer un alto. El ritmo de mis pasos es demasiado rápido para seguirlos. En la senda del olvido me hallo.

La dejé sobre esta piedra, este frío granito. Estaba herida , llega de cortes, algunos profundos en el corazón, y muchas magulladuras por toda la piel. Su mirada era triste, pero conservaba algo de vida todavía  Ahora regreso y no hay nada, ni siquiera se conservan sus huesos, algo con lo que poder consolarme. Las fieras la debieron despedazar y devorar aquella piel que otrora calmaba el frío de mi alma. 

La niebla del bosque era espesa y estaba anocheciendo. ¿A donde debía ir ahora? Las lechuzas me miraron al pasar y con un grito que espanto mis huesos, me hicieron sentir el aliento del infierno. Los caminos se me cruzaban y era incapaz de encontrar el que conducía  mi hogar. ¿Qué hogar? Regresar aquella cueva llena de humedades y oscuridades que no me dejaba descansar en aquellas gélidas noches invernales. 

No había salida en aquel laberinto de matorral y árboles retorcidos. Los únicos sonidos que oía eran el latido de mi corazón acelerado por el miedo y el crujido de las hojas muertas que hacia meses reposaban en el suelo esperando ser desplazadas por el viento a su antojo.

En aquel oscuro bosque el avance era imposible. Daba igual en la dirección que caminaras, nunca se encontraba el final de aquella pesadilla, aquello no tenia ni principio ni fin ,la ausencia de luz impedía tomar referencias y continuamente se pasaba por terrenos que ya habían sido pisados.

La luna se velaba por nubes, venus la estrella más brillante, esa noche no me iluminaba. En un acto de desesperación comencé a correr pero tropecé y caí por un agujero, a un profundo pozo. Malherido exhale un último grito de desesperación chillando su nombre hasta que aquellas criaturas se abalanzaron sobre mi y, en unos pocos segundos, fui reducido a un montón de carne sanguinolenta y huesos quebrados.

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