lunes, 15 de octubre de 2012

New York


¿Carla me estas escuchando?
Si, si, perdona, quizá es que me he levantado un poco cansada hoy, o puede que no haya calentado bien las cuerdas…


Carla, se sentó y suspiró profundamente, mientras su tutor, buscaba algo entre los papeles que se amontonaban sobre aquel viejo “Steinway & Sons”. Ella, agradeció aquella pausa, porque realmente aquel día no se encontraba bien.  Notaba una opresión en el pecho, una falta de energía y motivación, que la incapacitaba para la clase de ese día. Hacía 3 años ya que Clara había obtenido una beca para estudiar canto en Nueva York, gracias a la relación sentimental que mantenía con el director del Coro de Jóvenes Promesas, y que le posibilitó dejar su trabajo en Madrid y abordar un futuro prometedor en el mundo del canto lírico.


Durante este tiempo, lejos de su casa, no había tenido excesiva nostalgia, más allá del recuerdo de aquellas cremitas de verduras tan ricas que hacía su madre. Tras muchos años de depresión, era una mujer capaz de mantener sus pensamientos en orden, y evitaba, a toda costa, almacenar pensamientos negativos en su cabeza. Pero, aquella mañana, quizá la copiosa lluvia que caía sobre la mega urbe, había mojado algún rincón, que ella pensaba que estaba a cubierto, y se notó dudar. Su relación marchaba bien, su novio, pesé a la diferencia de edad, era capaz de darle lo que ella necesitaba. Había alguna faceta en concreto, que él no era capaz de cubrir, pero Carla, era muy autosuficiente en muchas cosas, y en esa, también.


De repente, su tutor, le hizo salir de estas reflexiones.

-Sé que estas “Cantatas” son duras, el alemán antiguo está claro que no es tu fuerte-  añadió Peter, que así se llamaba su tutor. Tenemos que evitar esa palatización inglesa o la actuación del sábado será un desastre.

-Sabes que mi alemán ha mejorado muchísimo, y además, ¿crees que el público va a distinguir estos pequeños matices?- añadió Clara, en una defensa pueril, puesto que ella era la primera que buscaba la perfección en cada nota que salía de su laringe.

Y tras este diálogo, volvió a sentir, que su corazón se ralentizaba.  Recordó lo mucho que le gustaba el alemán a Alfredo. Pensó en lo mucho que habría mejorado en estos tres últimos años. Y por un momento la nostalgia abrazó su pecho. La relación se había roto de forma definitiva poco antes de volar a Estados Unidos, pero aquella ruptura nunca tuvo ninguna credibilidad. Simplemente fue un paso adelante, una reacción a un inmovilismo que a Carla, en aquel momento de juventud, la exasperaba.


Peter, descontento, pesé a notarla lejos de allí, siguió con la lista de mejoras que esperaba de una cantante, en su opinión, con tanto futuro.

-Otra cosa que debes poner especial atención es al “vibrato”-comentó.

-No me acaba de convencer como lo ejecutas. En mi ya amplia experiencia puedo decirte que, una de las cosas que hacer sobresalir a una cantante lírica es dominarlo. Como sabes,  los pulsos de flujo de aire emitidos desde la glotis y su modulación es la variación de la frecuencia fundamental y la amplitud a lo largo de varios ciclos, La regularidad de la frecuencia entre un ciclo y otro es un signo de destreza vocal- explicó con un dogmatismo propio de docente universitario.

Clara odiaba los tecnicismos, y si bien entendía donde residía el problema, puso cara de aburrimiento. Peter, trató de hacer la explicación menos áspera,

-El “vibrato” hace que la voz suene agradable, viva, excitante, cálida, menos mecánica que un tono plano, da naturalidad al sonido vocal. La mayoría de los cantantes lo consideran un elemento deseable, un ornamento o una característica de sus voces- puntualizó y acto seguido le hizo una demostración, acompañado del piano.


Aquellas breves notas, la turbaron de nuevo. Estaba irreconocible, aquel corazón era lo que ahora vibraba, y como despertado de un sueño, se rebelaba contra aquel destino. Por un momento, se notó extraña. En un lugar lejano, con gente gris programados como robots, que no tenían tiempo ni para comer, y se subalimentaban con aquella basura gastronómica que vendían esos puestos callejeros tan típicos de esta ciudad.  Había despertado de un coma y reclamaba calor. ¿Y su novio no podía dárselo? Ahora lo veía como un padre, o un protector, pero nunca como un novio. Los 15 años de diferencia de edad, le pesaron como 15 toneladas.  La pasión enterrada, rompiendo el ataúd, le abofeteó su bello rostro y le reclamó lo que era suyo.


De repente tuvo necesidad de gritar, el aire se hacía irrespirable, se notaba como un animal encerrado en una jaula. Cogió el móvil y quiso llamar. Su fino dedo recorrió rápido aquella pantalla táctil, pero no encontró lo que estaba buscando. Necesitaba hablar con él, ninguna otra cosa le preocupaba ahora.


Peter, preocupado, trato de tranquilizarla. Pensó que aquella turbación se debía a un exceso de trabajo. Le trajo un vaso de agua, que Carla bebió de un solo trago. Ante la falta de mejora, decidió que lo mejor sería llevarla a casa. Allí la dejó. Ella, como un zombie se arrastró hacia la cama, y como pudo, sin desvestirse, se arropo fuertemente. Tiritaba, su cuidada mandíbula, sólo era capaz de pronunciar un nombre…


De repente, una llamada hizo vibrar su móvil… 



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1 comentario:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho! Desde luego, hay gente tonta por el mundo jeje! Yo en esta historia conozco a dos :P